EVO: “LA COCA ES SAGRADA”
(Entrevista con el presidente de Bolivia)

Por Jorge Ramos Avalos
La Paz, Bolivia. A Evo Morales, el nuevo presidente de Bolivia, no le gusta que le pregunten sobre el narcotráfico. Tampoco le gusta que lo cuestionen sobre la admiración que dice tener por el dictador cubano Fidel Castro ni sobre su amistad con el polémico presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Pero, después de todo, a eso precisamente había ido a Bolivia: a tratar de conocer al verdadero Evo Morales.
La cita con este líder cocalero se cambió varias veces -"es que Evo sigue en Cochabamba", "es que tiene una cita en el hotel Radisson", "es por razones de seguridad"- hasta que por fin dimos con él al mediodía en la casa donde solía dormir, antes de ser presidente, en esta capital boliviana.
Iba vestido con la misma chompa o sueter rojo de rayas blancas y azules con el que apareció hasta el cansancio en su reciente gira por Europa, Asia y Sudáfrica. No usa corbata porque, según sus palabras, "las mayorías nunca usan corbata".
Desde sus primeras palabras quedó claro que se siente mas a gusto comunicándose en su nativa lengua aymara que en español. Pero eso no le evitó decir, categóricamente, que "admira y respeta" a Fidel Castro (quien gobierna Cuba desde el mismo año en que nació Evo en 1959).
"Allá hay democracia", me dijo Evo respecto al régimen castrista. "Para mí (Fidel Castro) es un hombre democrático que defiende la vida, que piensa en el ser humano; si para usted es un dictador, ese es su problema, no el mío." Pero cuando le pregunté si no era una hipocresía querer la democracia para los bolivianos -que tanto trabajo les ha costado desde 1982- y no para los cubanos, la conversación se tornó peligrosamente personal.
"Yo le pido mucho respeto, no me diga hipócrita", me increpó. "La hipocresía viene solamente de sus preguntas." Intenté, sin mucho éxito, de explicarle lo que hacía: "Mi trabajo como periodista, con todo respeto señor Evo Morales, es hacer preguntas."
El ambiente, de pronto, se había enrarecido. El estaba molesto y se notaba; se retorció en su silla. Oí en el fondo las quejas de su asesora de prensa pero seguí.
Cuando le dije que el exilio cubano podría demostrar la muerte de miles de personas en manos de Fidel Castro, Evo se lanzó contra el presidente de Estados Unidos, George W. Bush: "Yo no veo mucha muerte (en Cuba) como la que está haciendo Estados Unidos y Bush en Irak".
"Fidel ¿cuántas bases militares tiene en Latinoamérica o en el mundo?" se preguntó a sí mismo Evo y luego continuó."Y Bush, dígame usted ¿cuántas bases militares tiene en el mundo y dónde está masacrando cada día?"
"¿Bush para usted es un asesino?" le pregunté. "Eso lo dirá el pueblo", contestó, evitando hablar en primera persona. "(Es) una intervención militar salvaje; el pueblo dirá qué es eso." Sin embargo, cuando traté otra vez de obtener su opinión personal, me respondió molesto. "No insista en eso". Y poco después añadió: "Lo que usted está llevando es a una confrontación internacional y no voy a permitir eso."
Intenté preguntarle sobre su alianza con Hugo Chávez –llama “el eje del bien” a Cuba, Venezuela y Bolivia- pero se rehusó a contestar diciéndome que a partir de ese momento solo respondería a temas vinculados con Bolivia. La conversación no iba bien, así que salté al tema del narcotráfico.
En Bolivia hay alrededor de 30,000 hectáreas dedicadas al cultivo de la hoja de coca. Una parte, es cierto, es para el consumo tradicional de los bolivianos, que usan la hoja tanto para hacer té como medicinas. Pero otra parte importante es destinada para los narcotraficantes que convierten la hoja en la pasta con que se produce la cocaína.
"¿Usted piensa erradicar cultivos de hoja de coca en Bolivia?" le pregunté.
"No", contestó sin dudarlo. "La coca es sagrada. La coca no se erradica. Sí, hay que erradicar el narcotráfico, hay que erradicar la demanda y hay que erradicar la cocaína." Pero cuando le pedí detalles sobre sus planes para evitar que el exceso de hoja de coca fuera utilizado por el narco, Evo dio por terminada la entrevista.
“Muchas gracias, se acabó el tiempo”, me dijo, levantándose de su asiento y arrancándose el micrófono. Vi mi reloj y apenas habíamos conversado 6 minutos con 40 segundos, mucho menos de los 15 minutos que nos habían prometido. “¿No le gustaron las preguntas?” alcancé a sugerir. “No, no es eso”, balbuceó Evo. Mientras, su asistente de prensa me pedía que me callara y me fuera de ahí: “Compañero, por favor, compañero.” Evo Morales estaba mirando a otro lado cuando salí del cuarto.
Reconozco que ésta no es la mejor manera de conocer a un nuevo presidente. Quizás mi visión de Evo desde el exterior, mucho más estereotipada, no coincidía con la percepción interna de que, por fin, la gran mayoría de los bolivianos tenía a un mandatario indígena que se parecía a ellos y que prometía defenderlos.
Me aseguraron que es preciso esperar a lo que haga Evo y no poner tanta atención en lo que dice. De entrada ya redujo el salario presidencial a la mitad: ganará el equivalente a 1,875 dólares al mes, convirtiéndose así en uno de los presidentes peor pagados del mundo.
A pesar de esto, Evo tendrá que hacer mucho más que cortarse el sueldo para sacar adelante a los casi 9 millones de habitantes de la nación más pobre de Sudamérica. Sus planes de nacionalizar el gas natural no son muy claros y la solicitud boliviana para un crédito norteamericano por 598 millones de dólares aún está pendiente. Pero los bolivianos esperan resultados –y buenos empleos- pronto. Bolivia es famosa por su impaciencia política; ha tenido cinco presidentes en los últimos tres años.
Más que de la esperanza por un futuro mejor, Evo es producto de la desesperanza con un pasado de corrupción, discriminación racial, de abusos...y de los errores de la política norteamericana en la región. Tres años después de que el embajador norteamericano, Manuel Rocha, le pidiera a los bolivianos que no votaran por Evo, el 54 por ciento de los electores hicieron exactamente eso en diciembre del 2005. Evo dijo que sería una “pesadilla” para Estados Unidos y ya lo es. Lo que no logró el Ché Guevara tras su llegada a Bolivia en 1966 lo obtuvo Evo, con votos y sin balas, cuatro décadas después
Evo tiene algo de la intransigencia de la vieja izquierda latinoamericana –y ahí está como ejemplo su apoyo a la dictadura cubana- y algo del pragmatismo de la nueva izquierda que ha aprendido a ganar elecciones desde Chile hasta México. Si mi brevísima entrevista con Evo es una temprana señal del rumbo de su presidencia, el principal peligro de su gobierno es que sufra de “soroche” político, se le suba el poder a la cabeza, haga malabares con la frágil democracia boliviana y aísle a Bolivia de la globalización.
Esta nación, sin salida al mar, se está jugando con Evo su salida al futuro.
Hola Jorge Mira Aqui esta mi opinion,..
La entrevista estubo muy bien creo que este senor Evo no cordinaba tus
preguntas y se sobreprotegia y todo lo tomaba de una manera muy personal.
no creo que balla a sacar a delante a Bolivia ni mucho menos jugar un buen
papel como nuevo presidente, yo soy Mexicano y solo les deseo lo mejor dela
suerte a nuestros hermanos Bolivianos, Y que Diosito los Cuide Y los
allude.
Te felicito como uno de los mejores Reporteros..
Siendo profesor universitario en Japon, por mas de 33 años en Estudios
Politicos Latinoamericanos, no me queda sino expresarle a Ud. mi mas
profunda tristeza, por su falta de etica profesional. Ud. es solo un
"portavoz", no se llame a si mismo periodista. Vi la entrevista y puedo
asegurarle que el presidente boliviano le ha dado a Ud una leccion de
dignidad. Yo, al igual, no hubiese respondido a esas preguntas
calificadoras, insultantes y prejuiciadas formuladas por Ud. Me puede
indicar tambien su salario, Ramos, con el fin de compararlo con su balance
bancario? O no es tan publico como el del presidente boliviano? En fin, no
es mas que el clon hispano de Joe Scarborough.
Estimado Jorge:
En gran manera yo valoro la entrega, la audacia y el tino con que Ud.
formuló las preguntas al presidente Evo Morales. Las preguntas, a riesgo de
parecer capciosas e inapropiadas tal y como lo expresó anteriormente en
este mismo espacio un supuesto profesional que dice tener más de 33 años en
Estudios Políticos en Japón(¿?), me resultaron interesantes. Mucho
periodista hoy en día evade preguntas que ponen al entrevistado en la
posición de defender con sapiencia lo que pregona; esa actitud periodística
se basa en los supuestos «cánones de la ética». ¡Ay, mi Dios! Si a esos
cánones nosotros los impregnamos utilizando constantemente la pomada humana
del respeto descomunalmente exagerado hacia el entrevistado -en este caso
el presidente Evo Morales- entonces no me queda más que preguntarme : ¿Cómo
sabremos nosotros los lectores las respuestas del entrevistado ante tales
preguntas que lo llevan a un extremo palmariamente visible de tener que
demostrar sus habilidades(llamémosle también pericia,maestría o ingenio)
para defenderse sustentando lo que se supone él profesa?
Por ello y por otra serie de razones, le expreso una vez más mis
reconocimientos a Ud. Jorge. Por favor continúe cosechando éxitos en esa
ardua pero satisfactoria tarea que Ud. ha desarrollado a lo largo de los
años.