La Opinion Digital - Los Angeles
Yolanda Arenales / Reportera de Negocios
El alto nivel de importaciones de China por parte de Wal-Mart, el minorista más grande del mundo, es el objetivo de “observación” de WalmartWatch, una organización creada en diciembre pasado para vigilar de cerca las políticas de esta empresa.
“Intentamos que la gente sea consciente de aspectos fundamentales de Wal-Mart y no estamos en contra del éxito de la compañía, pero queremos que se base en una actitud responsable”, dice Tracy Sefo, portavoz de WalmartWatch.
Según los datos de WalmartWatch, cerca del 70% de los artículos que vende Wal-Mart provienen de China, lo que contrasta con el que fue uno de los lemas de la compañía hasta mediados de los años 90 y que se manifestó en programas como el de Buy American.
“Creemos que este cambio de política supone una tremenda carga para los trabajadores y manufactureros estadounidenses”, comenta Sefo.
WalmartWatch fue fundada por representantes del Sierra Club, el Sindicato Internacional de Empleados de Servicio (SEIU) y la Asociación Nacional de Mujeres y Familias, entre otros, y es financiado con subsidios de The Ben & Jerry’s Foundation y la organización antiglobalización Solidago Foundation.
Recientemente WalmartWatch desplegó un anuncio pagado de una página completa en The New York Times alegando que los contribuyentes pierden 1,600 millones de dólares que el gobierno designa a la asistencia pública porque Wal-Mart no provee a sus empleados salarios adecuados y beneficios.
Wal-Mart respondió en un comunicado que ese anuncio era “sólo otro ejemplo de que los sindicatos están actuando sin pensar correctamente en su intento de desacreditar a Wal-Mart. Es ridículo pensar que nosotros costamos dinero a los contribuyentes. Uno tiene que entender por qué este grupo escoge omitir los miles de millones de dólares que Wal-Mart paga en impuestos locales, estatales y federales cada año”.
Jack Chambless, profesor de economía del Colegio Comunitario Valencia, en Orlando, Florida, sostiene también que “aquéllos que creen que Wal-Mart está destruyendo empleos se olvidan del impacto de la reducción de precios para los consumidores, y de que son éstos quienes eligen comprar en la compañía”.
Según algunas estimaciones, los consumidores se benefician en conjunto de ahorros de unos 20,000 millones de dólares anuales por parte de Wal-Mart.
Por otro lado, según datos del Instituto de Política Económica, Estados Unidos ha perdido cerca de un millón de empleos desde los años 90 debido a las importaciones desde China, que practican numerosas empresas y de las que se estima que Wal-Mart representa cerca del 10% del volumen total.
Chambless considera que el efecto Wal-Mart es beneficioso para los trabajadores chinos porque mejora sus estándares de vida.
Sin embargo, Eliseo Medina, vicepresidente ejecutivo del SEIU, sostiene que el enriquecimiento de Wal-Mart no está beneficiando ni a los trabajadores de aquí ni a los de China o México, ni tampoco a los consumidores.
Según Medina, el argumento de Wal-Mart de que por razones competitivas tiene que importar desde China “es falso”.
“La responsabilidad de Wal-Mart es muy grande porque está contagiando a otras compañías con su modelo y forzándolas a hacer lo mismo; ello va en contra del espíritu de muchas grandes compañías del país”, indicó Medina.
Como ejemplo Medina puso a Henry Ford, quien creó su imperio con el lema de que los trabajadores podrían comprarse los autos que él fabricaba, y a la empresa Costco, cuyos empleados y clientes —dice— comparten sus beneficios.
Por su parte Carol Spieckerman, presidenta de la consultora Newmarketbuilders, que ayuda a los minoristas a establecer relaciones con las cadenas de distribución masiva, opina que a la larga el efecto de Wal-Mart está siendo beneficioso para los fabricantes que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos.
“Muchos de nuestros clientes que han expandido su negocio a través de Wal-Mart pasan por períodos de ajustes difíciles, pero una vez que lo hacen consideran que afecta positivamente su eficiencia”, comenta Spieckerman.
James Hoopes, profesor de ética de negocios del colegio Babson, en Massachusetts, señala que Wal-Mart a la vez beneficia a los consumidores y perjudica a los manufactureros nacionales. Aunque también admite que gracias a empresas como Wal-Mart la manufactura estadounidense ha logrado mantenerse de pie.
“Hace 150 años la agricultura empezó a caer gracias al surgimiento de los manufactureros y ahora son éstos los que sufren las consecuencias de los servicios modernos”, dice el experto, agregando que más allá de la eficiencia económica, las repercusiones de modelos empresariales como Wal-Mart deben contemplarse desde un punto de vista moral, político y social.
En este sentido David Anderson, profesor asociado de Centre College en Danville, Kentucky, comenta que los precios artificialmente bajos no mejoran el nivel de vida social, lo único que hacen es que se consuma más de lo necesario comprando artículos que no hacen falta, que se adquieren sólo porque son baratos y porque los apoya la maquinaria de la industria publicitaria de 1,000 millones de dólares anuales.
En cambio, agrega Anderson, la reducción en los precios tiene un costo en explotación laboral y medioambiental de los países exportadores, de cuyas menores regulaciones se aprovechan empresas como Wal-Mart.